Escribir es un oficio: solo se afila practicándolo. La constancia convierte intuiciones en técnica y la técnica en estilo propio. Cada sesión entrena mirada, ritmo y precisión. No temas equivocarte: los errores revelan caminos, señalan vacíos y se vuelven materia de aprendizaje. Practica, corrige, insiste: así nace la maestría verdadera.
- Declara el propósito (1 frase): “Escribo X para Y porque Z”.
- Formula la premisa: qué afirma tu historia sobre la vida.
- Logline (25–30 palabras): sujeto + objetivo + obstáculo + riesgo.
- Diseña la escena 1: imagen fundacional, objetivo inmediato, oposición clara, microdecisión del protagonista.
- Cierra el círculo: anota qué tema y conflicto quedaron visibles; ajusta y sigue.
Qué tener en cuenta al empezar a escribir
- Estructura dramática: no memorices teoría; haz visible el conflicto antes de la página 2.
- Personaje: deseo (consciente) vs. necesidad (inconsciente) = arco de personaje.
- Mundo y reglas: define 2–3 reglas que afecten acciones (no lore por lore).
- Diálogo con subtexto: que oculte/intente algo, no que explique lo obvio.
- Ritmo/tempo: alterna tensión/descanso; cada párrafo debe mover o revelar.
- Escaleta mínima: 12 beats para ubicar punto de giro 1, midpoint y clímax (flexible).
- Validación temprana: lectura en voz alta y una prueba corta (1–3 páginas) antes de expandir.
Errores frecuentes (y antídotos)
- Exposición extensa → Empieza en acción concreta y reparte datos después.
- Conflicto tardío → Pon una oposición inmediata, aunque sea menor.
- Diálogo explicativo → Cambia a objetivos en cada línea (qué busca lograr el hablante).
- Mundo sin consecuencias → Vuelve reglas operativas en la escena.
Si quieres revisar tu ejercicio en una sesión privada, contacta y reserva una cita.


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