¿Quién es la conciencia que crea?
Crear no es “inventar de la nada”: es recomponer el mundo con materiales internos —memoria, emoción, percepción, deseo— hasta que aparece una forma nueva. La pregunta clave es incómoda y fértil: ¿quién crea cuando creamos? A lo largo de la historia, filosofía, psicología y ciencia han dado respuestas distintas… y complementarias.
De “soplo divino” a mente encarnada
Las culturas antiguas describieron la conciencia creadora como un vínculo con lo trascendente: musas, daimones, inspiración. No era “mi” idea; era algo que me atravesaba. Con la filosofía griega, la creación se vuelve un problema del alma y del conocimiento. Platón sospecha del engaño de las apariencias y persigue lo verdadero; el acto creador, en su versión más alta, sería una elevación hacia lo esencial (un orden invisible detrás de lo visible).
Más tarde, la modernidad concentra el foco en el individuo: el “yo” como centro. Pero esa seguridad se resquebraja cuando la psicología descubre que gran parte de lo que pensamos, elegimos y deseamos no es plenamente consciente.
Morgado: la imaginación como espejo operativo
Ignacio Morgado propone una idea especialmente útil para quien escribe: la mente no es una cosa, sino una colección de procesos que el cerebro hace posibles.
Desde ahí, la imaginación deja de ser “fantasía” y se vuelve una función biológica sofisticada: ensaya futuros, reconstruye pasados, completa huecos perceptivos, simula escenas y emociones. Ese “espejo” no refleja fielmente la realidad: la interpreta y la fabrica con lo disponible. En narrativa, esto explica por qué la creación se alimenta tanto de documentación como de experiencia emocional: el cerebro crea mundos con la misma maquinaria con la que crea “lo real” que sentimos.
¿Qué dice hoy la ciencia sobre la conciencia?
La investigación contemporánea suele moverse entre dos grandes familias de teorías:
- Espacio de trabajo global (GNWT/GWT): la conciencia sería como un “escenario” donde cierta información se vuelve ampliamente accesible para muchos sistemas mentales (atención, lenguaje, memoria, decisión).
- Información integrada (IIT): la conciencia dependería de cuánto integra un sistema sus estados de información (una estructura causal interna, no solo actividad).
En 2025, un esfuerzo experimental grande (tipo “prueba adversarial” entre teorías) puso presión real sobre ambas y mostró que el campo está en una fase de ajuste: hay datos que no encajan limpiamente y eso es buena señal científica (se depuran supuestos). Además, estudios recientes sugieren que zonas posteriores del cerebro (relacionadas con la percepción) podrían ser más decisivas para la experiencia consciente que las regiones frontales, lo cual reordena intuiciones clásicas sobre “dónde” ocurre la conciencia.
¿En qué consiste el estado de creación?
El “modo creador” aparece como mezcla de don místico y configuración:
- baja la auto-vigilancia y la autocensura excesiva,
- aumenta la asociación libre y la conexión entre ideas,
- y luego vuelve el criterio para seleccionar, ordenar y pulir.
Entonces… ¿quién es el creador?
Si juntamos mito, filosofía y ciencia, la respuesta más honesta es híbrida: el creador es una conciencia encarnada, histórica, afectiva, que imagina porque recuerda, y recuerda porque siente. No es un “yo” todopoderoso… pero tampoco un mero canal pasivo. Es un punto de encuentro donde el mundo se vuelve narrable.
Más allá de la visión del algoritmo, escuchemos a Jacobo.



Deja un comentario